Los incendios forestales pueden afectar a la calidad del agua incluso después de extinguirse. Las primeras lluvias pueden arrastrar cenizas, sedimentos y materia orgánica hacia ríos y embalses, alterando las fuentes de abastecimiento. El tratamiento necesario dependerá del origen y las características del agua y puede incorporar filtración, oxidación, nanofiltración u ósmosis inversa.
Las llamas pueden extinguirse en cuestión de días, pero algunas de las consecuencias de un incendio forestal sobre los recursos hídricos comienzan a manifestarse después. La llegada de las primeras lluvias puede arrastrar cenizas, sedimentos y materia orgánica hacia ríos, embalses y otras fuentes utilizadas para el abastecimiento de agua.
Carlos Segura, gerente de Soluwater, ha participado en Matinal SER, en una entrevista realizada por María Ibáñez, para explicar qué ocurre con el agua después de un gran incendio forestal, cuándo empiezan a percibirse sus efectos y qué soluciones de tratamiento pueden desplegarse cuando una infraestructura de abastecimiento se ve temporalmente comprometida.
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Durante la conversación, María Ibáñez plantea algunas de las principales cuestiones que surgen tras un gran incendio: qué sucede con la calidad del agua una vez extinguidas las llamas, cuándo comienzan a aparecer los problemas y cómo puede garantizarse temporalmente el suministro cuando las fuentes habituales se ven afectadas.
Carlos Segura analiza las consecuencias que pueden producirse con la llegada de las primeras lluvias y explica cómo las características de cada fuente de agua condicionan el tratamiento necesario.
Duración aproximada: 4 min 51 s
Transcripción del audio de la entrevista
El incendio termina, pero sus efectos sobre el agua pueden aparecer después
Durante un incendio forestal, la prioridad inmediata es controlar las llamas y proteger a la población. Sin embargo, una vez extinguido el fuego comienza otra fase menos visible.
La desaparición de buena parte de la vegetación y la acumulación de cenizas sobre el terreno hacen que las primeras precipitaciones puedan arrastrar materiales hacia las corrientes de agua.
Ante la pregunta de María Ibáñez sobre si estas consecuencias se perciben durante el propio incendio o aparecen posteriormente, Carlos Segura explica:
“Realmente será más a largo plazo. Lo que va a pasar es que con las primeras lluvias el bosque será lavado y todas las cenizas […] serán arrastradas hacia las infraestructuras que suministran el agua.”
A las cenizas se puede sumar además el efecto de la erosión del suelo, aumentando la presencia de arenas, partículas y sedimentos en los cauces.
Por este motivo, las consecuencias sobre el abastecimiento no tienen por qué producirse durante el propio incendio. En determinadas situaciones, el momento crítico puede llegar precisamente cuando comienzan las lluvias posteriores al fuego.
¿Qué puede ocurrir si las cenizas llegan a un embalse o una balsa?
Otro de los aspectos abordados por María Ibáñez y Carlos Segura durante la entrevista es la diferencia entre tratar agua procedente de un embalse o balsa y actuar sobre una captación directa de un río.
Cuando las cenizas y la materia orgánica alcanzan una infraestructura de almacenamiento como un embalse o una balsa, parte de estos materiales puede permanecer flotando o depositarse en el fondo.
Carlos Segura explica durante la entrevista que esa materia orgánica comienza posteriormente a degradarse:
“Esa materia orgánica se va pudriendo y entonces empieza a coger el oxígeno del lago.”
Esta situación puede provocar una importante alteración de las características del agua.
En estos escenarios pueden aparecer problemas relacionados con:
- presencia de materia orgánica;
- alteraciones de color y olor;
- reducción del oxígeno disponible;
- presencia de ácidos húmicos y fúlvicos;
- cambios en las condiciones habituales del agua de entrada a la instalación de tratamiento.
Cuando el problema está asociado a este tipo de contaminantes, Soluwater puede plantear tratamientos mediante tecnologías de membrana, entre ellas la osmose inverse o la nanofiltración, en función de las características concretas del agua y de la calidad requerida.
¿Y si el abastecimiento procede directamente de un río?
El escenario puede ser diferente.
En una corriente de agua puede mantenerse una mayor oxigenación y no aparecer las mismas alteraciones de color, pero sí existir una elevada concentración de cenizas y sólidos en suspensión arrastrados desde las zonas afectadas por el incendio.
En estos casos, Carlos explica que pueden utilizarse soluciones basadas en filtración y oxidación, tratando el agua procedente de la captación antes de incorporarla al sistema de abastecimiento.
Esto pone de manifiesto una cuestión fundamental:
No existe un único tratamiento para el agua afectada por un incendio.
La solución depende de factores como el origen del agua, los contaminantes presentes, la concentración de sólidos y materia orgánica, el caudal que debe tratarse, la calidad necesaria y la duración prevista de la incidencia.
“Como una UME del agua”: soluciones temporales ante una emergencia hídrica
Durante la conversación con María Ibáñez, Carlos Segura utiliza una comparación que resume de forma especialmente gráfica el papel que pueden desempeñar las plantas móviles de tratamiento:
“Como una UME del agua.”
La expresión hace referencia a la capacidad de desplazar temporalmente equipos de tratamiento allí donde se ha producido una catástrofe hídrica o una disrupción del suministro.
En muchas situaciones, el problema provocado por un incendio no requiere construir una nueva infraestructura permanente. Existe una necesidad inmediata durante semanas o meses y, una vez recuperadas las condiciones normales de la fuente de abastecimiento, el equipo puede retirarse y desplazarse hacia otra ubicación.
Las plantas móviles permiten responder a este tipo de escenarios mediante soluciones de tratamiento adaptadas tanto a las características del agua disponible como a las necesidades concretas de cada población o instalación.
Del incendio a la erosión: una situación que evoluciona con el tiempo
En la parte final de la entrevista, María Ibáñez pregunta a Carlos Segura por experiencias anteriores y por los problemas encontrados después de grandes incendios.
Carlos recuerda el caso del Valle del Jerte, donde inicialmente uno de los principales problemas fue la presencia de cenizas procedentes de las áreas quemadas.
Posteriormente apareció una segunda consecuencia: la erosión.
La pérdida de cobertura vegetal favoreció el arrastre de grandes cantidades de arenas y sedimentos hacia los cauces, modificando progresivamente las condiciones del agua.
Según explica Carlos, el propio ciclo de lluvias va lavando paulatinamente las zonas afectadas hasta que las características del agua comienzan a recuperar su situación habitual.
Durante ese periodo transitorio es cuando disponer de una capacidad adicional y flexible de tratamiento puede resultar especialmente útil.
Tecnología adaptada al problema del agua
Las situaciones provocadas después de un incendio muestran por qué el tratamiento de agua no puede plantearse mediante una única tecnología.
Dependiendo de las características del recurso disponible, una solución puede incorporar diferentes etapas y procesos, como filtración, oxidación, nanofiltración u ósmosis inversa.
La configuración final debe definirse en función de las características del agua de entrada y del objetivo de calidad que se necesita alcanzar.
La importancia de poder responder rápidamente
Los incendios forestales son un buen ejemplo de cómo una incidencia ambiental puede transformarse posteriormente en un problema de abastecimiento.
Cuando esto ocurre, disponer de una alternativa temporal permite mantener la capacidad de tratamiento mientras la fuente de agua o la infraestructura habitual recuperan sus condiciones normales.
Au Soluwater desarrollamos y desplegamos soluciones móviles de tratamiento de agua para responder a situaciones temporales, emergencias, incidencias en instalaciones y necesidades extraordinarias de suministro.


